El silencio de Dios

“El silencio de Dios es una experiencia que nos enseña a escucharle, porque en realidad no está callado y sigue hablando en la Historia y en nuestras historias, es sólo cuestión de estar atentos y saber leer y entender que su silencio puede ser simplemente una forma de comunicarse con nosotros.”

Joana Ortega Raya (1956-2020)

Las parábolas de Jesús

A partir de próximo miércoles, 8 de septiembre, iniciaremos una conversación sobre las parábolas de Jesús basándonos en el texto de Gerhard Lohfink, “Las cuarenta parábolas de Jesús” (Edit Verbo Divino, 2021).Todos los miércoles, a las 19 horas (España), a través de “ZOOM”. La conversación será facilitada por Ignacio Simal.

Si estás interesado en participar ponte en contacto con nosotros.

Muller-Colard, Marion. “El otro Dios”. Trad. por Rubén Martín Giráldez. Fragmenta Editorial, Barcelona, 2020.


Autor: Ignacio Simal


En ocasiones leo recensiones o presentaciones de libros que son auténticos “spoilers” que abortan el placer del descubrimiento, página tras página, de un texto. Disfrutarlo de tapa a tapa, dejarme impresionar a lo largo de sus líneas y capítulos.

Acabo de leer “El otro Dios”, de la teóloga protestante Marion Muller-Colard. ¿Qué decir de la experiencia de su lectura? Simplemente afirmar que la he disfrutado, he aprendido y, por qué no decirlo, me he visto reflejado en él, además de ver confirmadas ciertas convicciones en cuanto a la experiencia de Dios que sostengo desde hace muchos años.

Fragmenta editorial

Sí, recomiendo de forma entusiasta el libro. Todo creyente lo debiera leer, y establecer un diálogo interior con el pensamiento de Muller-Colard. Especialmente lo recomiendo a pastores, pastoras y sacerdotes, creo que sería muy beneficioso para su tarea de acompañamiento pastoral. El acompañamiento de los que sufren es tarea delicada, y debe ser realizado con sobriedad de palabras y silencio.

En fin, me complace recomendar efusivamente “El otro Dios. La queja, la amenaza y la gracia”. Gracias a “Fragmenta Editorial” por poner en nuestras manos libros tan valiosos, y tan bien vertidos al castellano y al catalán. Acabo con una cita de Muller-Colard: “A pesar de los vestigios de superstición que a veces me invaden, a pesar de mi pequeño comercio interior que nunca acabará de regatear con un Dios imaginario, he entrevisto Otro Dios que no se presume garante de mi seguridad, sino de la combatividad de lo vivo, de la que me invita a participar”.

Ignacio Simal

Un sueño bastante inquietante | Joana Ortega Raya

Joana Ortega Raya (1956-2020)

Nuestra querida Joana (1 de octubre, 1956 – 6 de agosto,2020), hace unos años escribía sobre un sueño que tuvo. Me parece más que interesante publicarlo en nuestra web, pues estoy convencido que será de edificación para los que lo lean.

Ignacio Simal, pastor de Betel+Sant Pau

Hace dos noches tuve un sueño bastante inquietante, y no tanto por su contenido, sino porque me acuerdo de él paso a paso; y ya se sabe, los sueños se olvidan cuando te despiertas. Pero éste ha decidido permanecer en mi memoria y no entiendo muy bien por qué.

En mi sueño yo estaba dirigiendo uno de los momentos más importantes de la celebración comunitaria dominical y había decidido compartir la experiencia -que tantas veces nos encontramos en los salmos, por ejemplo- del silencio de Dios. Sí, esa que el mismo Jesús experimentó en la cruz. Entonces, un hombre me increpó y me preguntó: ¿Serias capaz de decirle eso a este adolescente? señalándome a un joven sentado detrás de él. A lo que yo respondí: Y por qué no, seguro que él también tiene su propia experiencia de ese silencio.

Sin embargo, e inmediatamente, en mi sueño se produjo un giro sorprendente, y le dije a ese hombre: De todas maneras, el silencio de Dios es una experiencia que nos enseña a escucharle, porque en realidad no está callado y sigue hablando en la Historia y en nuestras historias, es sólo cuestión de estar atentos y saber leer y entender que su silencio puede ser simplemente una forma de comunicarse con nosotros. ¿Acaso no lo hacemos nosotros también?

Ufff, el subconsciente siempre alerta. ¡Salud!

Febrero, 2014

¡Somos seres humanos…!

Somos seres humanos humanos, simplemente hombres y mujeres de carne y huesos. De ahí que no tengamos que representar ningún papel de cara a la galería. sino ser nosotros mismos, en nuestra mas radical desnudez. Solo entonces pondremos de manifiesto que nuestra confianza y poder reside y se origina en Dios, nuestro Señor, y no en nuestras facultades y virtudes. Cuando somos débiles, entonces ¡somos fuertes!

¿Qué hacemos durante el tiempo de confinamiento?

Durante este tiempo, evidentemente, estamos en contacto. Pero ¿cómo…?

Meditaciones diarias a través de un Canal WhatsApp (no es un grupo, ni una lista de difusión), y un grupo privado en Facebook (“Al alba con el Resucitado”).

Comunicaciones mediante listas de difusión, Facebook, Twitter e Instagram.

Reflexiones dominicales y podcast en Vimeo.

Conexiones via “Zoom” o “Jitsi Meet”.

El blog de recursos de la Iglesia Evangélica Española

Eso es lo que hacemos, entre otras cosas, independientemente de nuestras llamadas telefónicas.

Una oración personal para tiempos críticos

Una Oración para Tiempos Críticos de Iglesia Protestante en Vimeo.

Señor, durante muchísimos años nos has concedido la gracia del encuentro presencial con nuestros hermanos y hermanas. ¡Cuánto hemos disfrutado, cuánta consolación y ánimo hemos recibido a través de sus abrazos y de su acogida!

Sin embargo, ahora, debido a la pandemia que nos azota, notamos la falta del encuentro, de la conversación… gracias que contamos con las redes sociales para comunicarnos (algo que no todos pueden disfrutar), para escribirnos palabras de ánimo y consolación. Pero bien sabes, Señor, que no es lo mismo. En absoluto.

Por ello te suplicamos la gracia —siempre asombrosa— de que tu poder, a través de tu Espíritu, fortalezca nuestra debilidad ante lo que estamos viviendo. Señor, necesitamos sentir tu presencia en medio de esta calamidad que nos envuelve. Que el Espíritu eterno nos consuele. Sabemos que con tu presencia todo, absolutamente todo, lo podemos. Amén

¡Él llama a tu puerta!


«Mira, yo estoy llamando a la puerta; si alguien oye mi voz y abre la puerta, entraré en su casa y cenaremos juntos.»
‭‭Apocalipsis‬ ‭3:20‬

Sí, escuchamos cómo llamas a la puerta de nuestro mundo interior. Y lo haces de forma insistente, pero estamos exhaustos. Apenas nos quedan fuerzas para levantarnos y abrirla. Pero ¡deseamos tanto que entres en nuestra casa y cenes con nosotros! Señor, danos tú la gracia y la fuerza para atender a tu llamado y abrir nuestra puerta de par en par a tu presencia siempre sanadora. Solo entonces la esperanza y la alegría envolverán todo nuestro ser.

Ignacio Simal

Escupió en el suelo, hizo un poco de lodo y lo extendió sobre los ojos del ciego…

«Escupió en el suelo, hizo un poco de lodo y lo extendió sobre los ojos del ciegoJUAN 9:6 BTI

Somos tan “adultos” que prescindimos del Dios, padre de Jesús, para decirnos que solo contamos con nuestras manos y nuestro saber. Es más, con muchos autores cristianos nos diremos que el ser humano es su mediación, que su saber y sus manos son su presencia y su actuación. Toda otra palabra que diga algo diferente, y que afirme que Dios actúa, también, de forma directísima, será tachada de “pensamiento mítico”, y propia de un pasado en el que el ser humano era “menor de edad”. Al final, somos una generación de huérfanos de Dios, no porque él nos haya dejado a nuestra suerte, sino porque nosotros lo hemos cambiado por un ídolo “que tiene boca y no habla, ojos pero no ve, oídos pero no oye, nariz y no puede oler”, y al final, nuestra existencia se traza a imagen y semejanza del ídolo que hemos creado, huérfana de Dios por “mayoría de edad” (Sal. 115:5-6).

Hoy, en medio de la oscuridad que nos envuelve, sale a nuestro encuentro la “historia” de la curación del ciego de nacimiento (Juan 9:1-41), diciéndonos que el Resucitado está entre nosotros, y que por ello no debemos desterrar la esperanza de su actuación a una verdad trasnochada, a un pensamiento infantil. No, en absoluto. De ahí que nuestra oración, nuestra súplica y nuestro ruego no caen en saco roto, sino que se abren a la posibilidad real de que la esperanza que suplicamos se realice aquí y ahora, que el Resucitado vuelva a escupir en el suelo, hacer lodo, y embadurnar nuestros ojos a fin de que podamos ver la realidad que se nos oculta a causa de nuestra “adultez”, a causa de nuestra “mayoría de edad”. ¿A qué realidad me refiero? A la realidad del Dios que actúa en nosotros, en ocasiones concediéndonos la sanidad; en otras, dándonos, a través del Espíritu que mora en nosotros, el ánimo y la fuerza para que nuestra fe no falte en medio de la existencia cuando ésta se torna en espesas tinieblas (1 Cor. 10:13).

En tiempos como los que vivimos, en los que rigen las tinieblas, se hace necesaria y urgente la luz. Una luz que disuelva la oscuridad y sumerja nuestro mundo en los colores del arco iris, colores que proclaman la asombrosa gracia de Dios. De ahí que, desde la fe que confesamos, creemos en un “Dios que, desplegando su poder sobre nosotros, es capaz de realizar todas las cosas incomparablemente mejor de cuanto pensamos o pedimos” (Ef. 3:20). Vivimos abiertos al misterio, que de vez en cuando nos hace señales a través de los destellos de su gracia en medio de nuestra historia. Solo esperamos en el Dios, padre de Jesús. Nada más, ni nada menos.

Ignacio Simal