
Dios de amor, enséñame a amar como el buen samaritano, sin barreras ni condiciones.
Qué mi corazón no se cierre ante el dolor ajeno, sino que vea en cada persona herida a un hermano o hermana. Que no me detenga el miedo, la prisa o la indiferencia, sino que mis manos estén siempre listas para ayudar.
Recuérdame que el amor verdadero no elige, no discrimina, no espera nada a cambio. Es un amor universal, que se entrega sin medida, porque así nos amas tú.
Llévame más allá de mi comodidad, de mis prejuicios, de mis intereses personales. Que mi fe no sea solo palabras, sino acción, justicia y compasión.
Que en cada gesto desinteresado, brille tu amor.
Amén.